
Tras la pérdida de un escaño crucial en Massachussets (como consecuencia del efecto Scott Brown), los demócratas perdieron la supermayoría en el congreso que les daba el poder de aprobar cualquier iniciativa sin necesidad de contar con los republicanos. Muchos vaticinaron que la reforma sanitaria se había ido a pique y que la presidencia de Obama había quedado tocada de muerte.
Sin embargo, el presidente no ha perdido la iniciativa. En una maniobra que casi podríamos llamar maquiavélica, ha convocado a los republicanos para discutir un plan, trazado por la Casa Blanca, que se basa fundamentalmente en el plan aprobado por el Senado y que incorpora propuestas republicanas. Lo más significativo es la eliminación de la llamada "opción pública", que sí figuraba en el plan aprobado por la Cámara de Representantes.
Si los republicanos siguen negándose a colaborar para sacar adelante la reforma, esta escenificación pública de su negativa puede valerle a Obama para justificar una votación de emergencia en la que sólo sería necesaria una mayoría absoluta (51 escaños en vez de 60) para aprobar la reforma.
Aún le quedan ases en la manga a Obama. Habrá que ver cómo acaba la partida.
Aquí tenéis un vídeo del inicio de esa reunión (si alguien se anima a verla entera, le advierto de que dura seis horas).
